UNA SEMANA CON CELADOR
(Versión Narrativa)
Por: Angélica Mª Gil Hdez.
Comunicación Social.
Era una calurosa mañana de domingo. Día en que se acostumbra hacer pereza, levantarse tarde, desayunar en la cama o incluso, salir a montar bicicleta en la cicloruta que se hace por lados del Estadio Atanasio Girardot de Medellín.
Yo estaba en mi apartamento ubicado en el 5º piso de un edificio, con Igor mi esposo, mi hijo Ángelo de 6 años y mi perro Pipe, un beagle de 2 años. Noos habíamos levantado tarde y apenas terminábamos de desayunar unos huevitos revueltos con jamón, una arepa paisa y un pocillo de chocolate caliente; eran más o menos las 10:00 de la mañana. De pronto a mi esposo se le ocurrió invitarnos a la cicloruta. Ángelo, súper entusiasmado, aceptó inmediatamente y corrió a vestirse, sin embargo en medio de mi pereza, yo rechacé la propuesta. Pero ellos tres, entusiastas, (digo tres porque el perro se entusiasmó incluso más que ellos), salieron a cumplir lo planeado.
Yo me quedé en pijama mirándolos por la ventana, luego fui hacia la cama e hice pereza un rato acostada viendo televisión. Después de media hora me levanté nuevamente, con el propósito firme de dejar la pereza a un lado y empezar a hacer oficio. Una rutina cansona pero inevitable al fin y al cabo, o si no, ¡cómo estaría esta casa cayéndose de mugre!...Así que apagué el televisor, busqué una moña y me recogí el cabello, salí hacia la sala prendí el equipo de sonido y puse salsita para escuchar mientras hacía lo indicado.
Inicié con las habitaciones, así que recogí la ropa sucia, tendí las camas, organicé el desorden causado por mi hijo, que tiene un cuarto lleno de juguetes y que muy constantemente “me ayuda” a dejar un laberinto de juguetes por todo lado. Posteriormente, cuando ya por fin había terminado con el alboroto de mi hijo, fui hacia el patio en busca de la escoba; de allí salí y me asomé nuevamente por la ventana de la sala que tiene vista a la calle, contemplaba la belleza de esa mañana, el cielo azul y el sol que calentaba mi piel, el silencio “automotriz” que exaltaba el cantar de los pájaros y las risas de los niños en la calle, la gente que iba y venía disfrutando como yo de esa mañana. Creo que estuve ahí unos 5 minutos. Luego me di media vuelta y me dirigí hacia las habitaciones nuevamente, había dado más o menos 5 o 6 pasos, cuando un fuerte estampido sonó haciéndome saltar del susto!, inmediatamente corrí hacia la ventana a observar qué había pasado, ya había un gran alboroto frente a la entrada del parqueadero del edificio y gritos de la gente que decían:
- Sáquenlos, sáquenlos! … están muertos!
Otros decían: no entren, no entren, es peligroso!
Otros llamaban a Irma, la señora del primer piso.
En el apartamento del tercer piso, casi que al mismo tiempo salió una de las muchachas a la ventana y le preguntó a una señora de las que estaban en la calle, qué era lo que había pasado y ella respondió:
-Un carro se estrelló y se fue al fondo del garaje, tumbó la puerta y hay mucho humo, no se ve nada ni a nadie, no se sabe si hay muertos.
En ese mismo instante, 50 mil cosas pasaron por mi mente. Yo quedé fría, gritaba llamando: Igor, Ángelo!vMi cuerpo empezó a temblar como gelatina, imaginé por un momento que ellos estuvieran en el parqueadero y hubiesen sido arroyados por ese auto, imaginé que tal vez venían saliendo del parqueadero y que el auto los había estrellado, imaginé que a quien habían arrollado era a doña Irma, imaginé tantas cosas como el miedo me permitió, no sabía qué hacer!; de pronto corrí hacia la puerta pero me acordé de la pijama que tenía, “muy exhibicionista para el público”, así que me devolví al cuarto a colocarme un pantalón encima y como volador sin palo salí de ese apartamento y bajé los 5 pisos, aún me pregunto cómo no me caí, si mis piernas parecían haber perdido el control.
Mientras bajaba las escaleras rogaba a Dios que nada de lo imaginado hubiese pasado.
Cuando ya estuve abajo, vi que había mucha más gente frente al edificio tratando de ver qué pasaba; entré entonces con temor al parqueadero y vi en su lugar de parqueo el carro de Igor y la cicla de Ángelo, en ese instante sentí morirme! si ellos se habían ido a la ciclo vía por qué estaba allí su cicla? Creí entonces que todo lo imaginado antes se estaba volviendo realidad!... así que corrí al fondo del parqueadero, omitiendo las advertencias de no entrar al lugar, y observé que todo estaba absolutamente destrozado; la puerta del garaje, que era de hierro estaba abollada y en el piso, partes del carro estaban tiradas a lo largo del parqueadero, un cuarto de chécheres recién construido en el fondo del parqueadero, perteneciente a Claudia, la del 401, había quedado completamente destruido con todo lo que tenía dentro, pues fue allí donde el carro finalmente se detuvo al estrellar la pared. Sin embargo lo más importante fue observar que no había víctimas, que el carro de nuestra propiedad estaba íntegro al igual que la cicla del niño, que la cicla de Igor no estaba allí, lo que indicaba que ellos estaban afuera. En ese instante sentí que el alma me volvía al cuerpo!
Salí entonces, ya calmada e intrigada por lo que había sucedido. En ese momento llegaban policías, guardias de tránsito, ambulancias y bomberos.
Estos entraron al garaje y con extintores se aseguraron de que el auto estrellado no fuera a causar ningún daño mayor a los ya ocurridos.
Al tiempo me encontré a doña Irma, que en medio del susto que tenía porque había visto todo lo ocurrido me contó:
- Ay doña Angélica, que susto tan horrible. Imaginate que yo estaba en la ventana del apartamento con la niña mirando hacia la calle (La niña es su hija de 17 años, que sufre de parálisis cerebral; una de las cosas que ella logra comunicarle a su mamá y con la que es feliz, es que la ponga en la ventana a observar hacia la calle) cuando apareció un carro a toda, que de pronto se giró hacia acá (hacia la izquierda), se vino contra la pared y luego se fue contra la puerta del parqueadero sin frenar ni nada, tumbó el portón y siguió al fondo hasta estrellarse con la pared que fue la que finalmente la detuvo. Yo dije, se mataron esas personas.
Que susto tan horrible, yo como pude agarré la niña y la entré pal cuarto de ella. Yo creí que ese carro se venía encima de nosotras.
Yo le pregunté entonces por las personas que venían en el auto y ella me las señaló. Ya estaban con los policías exponiendo la situación.
Yo entonces me senté a un lado y me dediqué a observar y escuchar.
Eran dos mujeres, de 30 y 40 años aproximadamente, quienes se encontraban en perfectas condiciones, no habían sufrido ni un solo rasguño a pesar de que su carro quedara destruido.
La mujer de los 40 años, era quien venía conduciendo y en su testimonio a los oficiales de la policía afirmaba:
-Yo subí y doble en la esquina hacia la izquierda, venía por mi vía cuando un taxi me cerró, entonces yo fui a frenar para evitar chocar pero el freno se me quedó pegado y en ese entonces para no ir a herir a alguien se me ocurrió girar el carro y fue ahí cuando me vine contra el portón y finalmente contra la pared que nos detuvo.
Tan pronto como ella expuso lo sucedido, los policías empezaron a indagar a los testigos, los cuales afirmaban que la señora venía muy rápido y que no hubo nunca ningún taxi como lo afirma ella.
Que ella luego de girar la esquina hacia la izquierda aceleró mucho más perdiendo el control total del vehículo, lo que causó el accidente contra el edificio.
Las autoridades en medio del análisis de datos y del proceso correspondiente a los hechos, aseguraron que la señora hacía menos de un mes que había obtenido la licencia de conducción, lo que probablemente había sido la causante de que ella perdiera el control del auto al aumentar la velocidad.
El proceso siguió y yo mientras tanto seguía observando. La gente cada vez se acercaba más a mirar y a tratar de averiguar lo sucedido.
De pronto, al cabo de unos 20 minutos de estar yo ahí abajo, veo aparecer en la esquina a Igor, a Ángelo y a Pipe. Ángelo venía montado en la cicla del papá, Pipe venía amarrado a un lado de la misma e Igor venía caminando y sosteniendo la cicla, a la vez que venía hablando por celular.
Desde allí vi que mi esposo se detuvo, estaba pálido, parecía desmayar. Entonces fui a su encuentro y cuando me vio, me soltó la cicla y en silencio se sentó en un andén.
Asustada le pregunté qué pasaba; resulta que el asustado era él, porque traía su celular en la mano no precisamente porque estuviera hablando, sino porque me estaba llamando al apartamento para decirme que le preparase un jugo, y al llegar a la esquina y encontrarse con los policías, los bomberos, ambulancias y la multitud de gente frente al edificio, y en vista de que yo no le contestaba el teléfono, él también pensó en lo peor y creyó que algo me había pasado.
Así que él al igual que yo se sintió como gelatina y sin piernas que pudiesen sostenerlo, ese mismo día a causa de ese mismo accidente.
Después en medio de risas, para calmar el susto y recuperar alientos, fuimos a la tienda a tomarnos una gaseosa. Luego nos subimos al apartamento sin perder movimiento, y no por chismosos, no! ¡Es el mero interés por lo que afecta al edificio y a sus habitantes!
Al cabo de unas dos horas después, cuando ya se habían inventariado los daños causados en el edificio y en el auto, vino una grúa que sacó al coche de allí. Pude entonces verlo perfectamente. Su parte delantera estaba totalmente destruida y su parte trasera aunque no estaba tan mal, tampoco estaba en las mejores condiciones. Aún no entiendo como estas mujeres salieron ilesas de semejante golpazo!
La señora conductora que finalmente acordó con el administrador del edificio los diferentes arreglos que tendría que efectuar en el mismo, se comprometió inicialmente a poner un celador las 24 horas del día durante el tiempo que el parqueadero estuviera sin puerta. El primer turno lo inició ella en compañía de su esposo quien había llegado rato atrás para apoyarla. Y en la noche como se había acordado vino un celador que se turnaba en las mañanas con otro, contratados por ella.
Aun, a pesar de todo, el accidente dejó ciertas ventajas:
Pues para los usuarios del parqueadero era mucho más fácil salir y entrar solo con un saludo al celador, que con todo el proceso antes del accidente:
-apagar el carro
-bajarse y abrir un portón pesado
-volver al carro, prenderlo y entrar
-parquear y cerrar nuevamente el portón pesado
Fácilmente los habitantes del edificio nos acostumbramos a este servicio, ¡lástima que sólo duró una semana!
Después tocó volver a usar portón, lo bueno es que ahora es portón nuevo y ya no es pesado!...incluso se ve mejor el edificio.
domingo, 25 de octubre de 2009
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